

El Meeting toca el corazón y cambia la mirada en la relación con los demás. Es lo que Martin y Maria, de Eichstätt, llevan consigo después de muchos años de participación. Él, exdirector de la Universidad de Eichstätt, participa en el Meeting desde 1982; ella, farmacéutica, llegó por primera vez en 1983. Un encuentro que dejó una huella imborrable.
Maria todavía recuerda la exposición dedicada a Tarkovski: «Yo hablaba muy poco italiano y la exposición estaba en inglés. Me impresionó muchísimo la manera en que, en la obra de Tarkovski, emergía su deseo humano más profundo: verdad, justicia y belleza». Nos cuenta que fue un verdadero descubrimiento para ella: «En la escuela nos habían dicho que no existe un vínculo entre la obra de un artista y el artista como persona. En el Meeting aprendí lo contrario». A partir de ahí comprendió que aquel sería su lugar. Martin y Maria comenzaron así a trabajar en el International Meeting Point, realizando traducciones.
Para Martin, el Meeting es algo único, capaz de acoger a todos: «Da un impulso a profundizar en las cuestiones del corazón». Y añade: «Lo bello es que es un ambiente laico». Desde el principio quedó impresionado por los voluntarios, «personas de procedencias muy distintas, con una fe y una alegría profundas, dispuestas a servir en cualquier circunstancia». Al recordar la exposición del año pasado sobre Carlo Acutis, Martin cuenta un episodio que le impresionó mucho: su guía era musulmán y explicaba «su lucha interior con la hipótesis de vida de Acutis». Es una confirmación más de que el Meeting «no es un lugar cerrado, sino que se abre a todos aquellos que tienen un corazón humano».
La alegría vivida durante los días del Meeting no termina con el evento, sino que continúa en la vida cotidiana. «Una experiencia así llena el corazón y sostiene mi día», cuenta Maria. También en Eichstätt, Martin y Maria siguen haciendo vivir la experiencia del Meeting a través de las exposiciones. La dedicada a Franz y Franziska Jägerstätter recibió una acogida muy positiva tanto por parte de la población como de la diócesis. Y recuerdan con gratitud también la exposición sobre Takashi Nagai, “Anuncio desde Nagasaki”, llevada a 18 ciudades de lengua alemana en Alemania, Austria, Luxemburgo y Suiza.
En el difícil contexto internacional actual, el Meeting representa una luz. «En un tiempo en el que el poder parece dominarlo todo, el Meeting es una esperanza concreta, no utópica», observa Martin. Aquí se descubre «una fuerza escondida: un amor no sentimental, que deja al hombre libre y al mismo tiempo lo atrae». Una fuerza capaz de cambiar realmente la realidad. Para Maria, en el Meeting se ve que «la Iglesia es comunión»: una presencia capaz de proponer un camino que no se detiene ante las dificultades. Con las muchas realidades representadas en el Meeting se comprende cómo «amor, reconciliación y perdón pueden convertirse en factores decisivos para la convivencia incluso entre personas que, de otro modo, serían enemigas».
Por todos estos motivos, el Meeting merece ser apoyado. Porque el evento, concluye Maria, «es una obra construida por un pueblo». Año tras año, el Meeting sigue generando lugares de encuentro y de esperanza de los que hoy el mundo tiene una profunda necesidad.









