Caras que construyen… Natalia

27 de abril de 2026
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Natalia trabaja en recursos humanos en un gran grupo internacional. Como profesional de HR service, sabe bien lo importante que es, en una organización compleja, que las personas no actúen solas sino en colaboración, que se estimen y tengan en cuenta el trabajo de los demás.

Quizá también por eso, cuando le preguntamos qué es lo que más le impresiona del Meeting, la primera palabra que utiliza es precisamente esta: «colaboración». Porque ella, como persona antes aún que como directiva, siempre ha tenido un gran deseo de construir algo bello, de sentirse útil para el mundo. «Lo que veo en el Meeting», cuenta, «es un evento de extraordinaria inteligencia de la realidad y de apertura al diálogo, confiado a la colaboración de muchísimas personas, en primer lugar los voluntarios». Hay algo que va más allá de nuestras capacidades en todo esto, y es quizá el secreto, el milagro del Meeting. «¿Quién pondría en manos de todos un evento tan grande? Normalmente las organizaciones tienden a protegerse, a resguardarse de las aportaciones externas».

Es la misma lógica, observa, por la que el Meeting abre sus puertas a personas de todas las religiones, culturas y procedencias. Y luego queda algo que te acompaña durante todo el año. Sobre todo, cuenta Natalia, «te acompaña cuando estás distraído, cansado o con la conciencia nublada. Volver con el pensamiento a lo que he vivido en el Meeting me hace reabrirme inmediatamente a las circunstancias presentes».

Natalia ha vivido muchos Meetings como voluntaria. «Empecé con los servicios generales, luego la limpieza, las relaciones públicas, el Villaggio Ragazzi; desde 2020 estoy en fundraising. Es un ámbito en el que he aprendido y sigo aprendiendo muchísimo. Es increíble ver cuántas personas donan para mantener vivo este lugar de encuentro. Así me convertí también en donante: porque el Meeting debe existir. Es un patrimonio de inteligencia y humanidad que hay que custodiar… es un punto de encuentro y de descubrimiento de uno mismo que todos desean, aunque aún no lo conozcan».

Del Meeting 2025 Natalia se lleva también la visita a algunas exposiciones. «Pienso en la de Amadeo Peter Giannini: había un panel en el que se decía que el éxito no está determinado por la cantidad de dinero que se acumula, sino por el impacto positivo en las personas. Incluso una frase como esta puede cambiarte la vida. La exposición sobre san Francisco, en cambio, me hizo entender por qué, cuando soy voluntaria en el Meeting —y puede parecer una contradicción— me siento poderosa al servir». Es un retorno a la sencillez del corazón, explica Natalia, «como si el corazón estuviera esperando vivir como en esos días, en los que cada vez sientes que renaces».

Por eso, concluye, merece la pena apoyar el Meeting. Natalia lo dice como donante habitual, pero también como organizadora entusiasta en su ciudad de Meet the Meeting, el evento de comunicación y apoyo al Meeting que se celebra en muchas ciudades italianas: «Yo conozco mi fragilidad y por eso, para mí, es decisivo que un lugar así exista siempre, porque aquí sucede algo que te abre a nuevas posibilidades, a la esperanza». Luego, en la vida cotidiana, pueden prevalecer el prejuicio, la indignación estéril y el olvido. Pero Natalia sabe que hay un lugar —un lugar físico y un lugar del alma— al que siempre se puede volver.