Caras que construyen… “Villaggio ragazzi”

30 enero 2026
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«El Meeting tiene mi misma edad», cuenta Miriam. «Nací en 1980 y vengo desde siempre. Aunque no soy de Rímini, mi padre estaba muy unido a él — no se perdía ni una edición». De joven fue voluntaria, durmiendo en alojamientos improvisados y atravesando Rímini a pie al amanecer para llegar a la antigua Feria. «Años después me di cuenta de que hoy vivo exactamente a lo largo de ese mismo camino. A veces lo pienso: sin saber nada, ya estaba aquí por este motivo. Mi vida se ha desarrollado aquí».

El paso decisivo llegó con el PreMeeting, vivido de joven con universitarios de Bolonia. «Me enamoré de esa manera de trabajar: concreta, hecha juntos». Hoy esa experiencia vuelve en su compromiso con el “Villaggio Ragazzi”, donde desde 2022 trabaja activamente sobre todo en los montajes y las exposiciones. «Desde el principio me orienté hacia allí. Es el ámbito que más me corresponde». Miriam lleva al Meeting también su trabajo cotidiano: realiza accesorios artesanales para niños y los vende en línea. «Tengo una vena creativa y estoy acostumbrada a buscar soluciones prácticas, a mantener bajo el presupuesto, recuperando materiales y restos para construir lo que hace falta». Las exposiciones del “Villaggio” se convierten así en “cuentos vivos”, historias inmersivas e interactivas pensadas para los niños y construidas a lo largo de todo el año.

Para Valentina, el “Villaggio Ragazzi” es un compromiso que crece con el tiempo y se convierte en un punto firme en la vida. «Este es el quinto año que participo en la preparación». El grupo — las chicas de Rímini y los amigos de Milán — es para ella «un lugar importante de confrontación y de juicio». Incluso cuando la vida cotidiana está llena de escuela, trabajo y familia, detenerse para construir el “Villaggio” sigue siendo esencial. «Construyendo el Villaggio, me construyo a mí misma. Es un tiempo que me ayuda a mirar mejor lo que estoy viviendo».

«Si el Meeting es importante para el mundo, es porque antes que nada lo es para mí», dice Miriam. «Siempre ha sido el lugar donde encuentro vidas del presente y del pasado que, incluso atravesando el drama, han sabido construir belleza». Son historias que la impactan y la ponen en movimiento. «Crean un deseo de emular, de hacer algo bueno yo también». En un tiempo marcado por la violencia y las tragedias, el Meeting sigue siendo para ella «un lugar que da esperanza, porque muestra que otra manera de vivir es posible».

Para Valentina, el Meeting es un bien precisamente por esta densidad humana y cultural. «Normalmente se vive mucho en la superficie, también por la velocidad con la que todo fluye». En el Meeting, en cambio, cada encuentro, exposición o espectáculo «tiene detrás a alguien que durante el año se ha apasionado, ha pensado y ha profundizado». Nada es improvisado. «Todo se ofrece como un regalo», y eso es lo que hace del Meeting una experiencia distinta a muchas otras.

«Sostener el Meeting es importante para permitir que el mayor número posible de personas viva esta experiencia», explica Miriam. «Lo veo de manera muy concreta en mis hijos, que tienen entre cinco y dieciocho años». No es posible saber qué camino tomarán, pero «hay muchas pequeñas semillas que contribuyen a construir las personas en las que se están convirtiendo». Un encuentro, una exposición, una semana vivida en el Meeting «puede volver a tu mente veinte años después, en el momento en que sucede algo en la vida». También por eso, dice, vale la pena seguir invirtiendo en esta experiencia.

Hay además un aspecto que, para Miriam, encierra el sentido del apoyo: el trabajo compartido. «Pasamos un año proyectando, buscando materiales, construyendo. Luego llega el PreMeeting y llegan los chicos a ayudar». En un momento se da cuenta de que ya no está construyendo algo suyo. «Al principio agradecía porque me ayudaban. Luego entendí que estábamos haciendo lo mismo, en igualdad». Es ahí cuando el trabajo se vuelve verdaderamente común.

Para Valentina, sostener el Meeting significa «custodiar un lugar libre, donde hay una mirada profunda sobre toda la realidad». Un lugar que no excluye a nadie y que habla a todos, «desde los niños hasta los adultos». «Es un evento raro», concluye. «Precisamente por eso, hay que sostenerlo».