

Ambos conocían el Meeting desde pequeños. Pietro iba con sus padres. Marco seguía con curiosidad a su padre, voluntario en los espectáculos. Luego, al crecer, llegó el momento de la elección personal.
«Lo que lo cambió todo fue la invitación de nuestro amigo Aquila, en los meses posteriores a la graduación. Me dijo: “Mira que aquí hay una manera de aprender a trabajar, que puedes vivir junto con amigos”. Esa fue la chispa inicial». Para Marco, en cambio, fue precisamente el encuentro con Pietro lo que reavivó su implicación. Y para ambos, el trabajo en los Servicios Generales fue un verdadero desafío. Te relacionas con los congresos, con los servicios técnicos, con la dirección, con el público del Meeting; es una orquesta en la que todos deben tocar su parte, con horarios que se cumplen al minuto. Pero también es una ocasión para descubrimientos valiosos.
«Lo primero que aprendí fue un método», cuenta Pietro. Una forma de situarse ante lo que sucede, afrontando las situaciones junto a las personas que tienes a tu lado. Lo hace posible la claridad de un propósito común: construir algo juntos. «Durante el año me doy cuenta de que llevo este método a mi trabajo». Claro que existen reglas, contratos, procedimientos. «Pero lo más importante es conocer al otro: mirar a la persona que tienes delante».
Marco lo confirma: el Meeting es un lugar donde encuentras personas e historias que te acompañan todo el año. «No se queda todo encerrado en esa semana. Conoces experiencias que cambian tu manera de mirar la vida. Encuentras personas que permanecen, que se convierten en parte de tu camino».
De esta experiencia nace también la conciencia del valor del Meeting. «Es, sí, un lugar de profundización cultural», dice Pietro, «pero sobre todo un lugar donde emerge una belleza, una manera más humana y más verdadera de vivir las circunstancias, incluso cuando son dolorosas o difíciles». «El ejemplo más vivo que tengo en los ojos es la exposición sobre Ermanno el Lisiado de 2025», añade Marco. «Contaba la fatiga de la discapacidad, de familias que acogen a hijos frágiles, de adultos que conviven con sus propios límites. Miraba los rostros de quienes salían: eran conmovedores. Yo mismo salí “partido en dos”, en el buen sentido. Reforzado en mi experiencia de humanidad frágil».
Por eso vale la pena apoyar el Meeting. «Apoyarlo», explica Pietro, «significa reconocer que lo que allí sucede puede ser verdadero también para uno mismo, en la vida cotidiana». Casi surge espontáneamente una pregunta, completa Marco: ¿cómo es posible que el mundo no sepa que el Meeting existe? «Apoyarlo significa dar la posibilidad, aunque sea a una persona más, de encontrarse con él. Permitir que otro pueda vivir esa experiencia de bien, de belleza y de crecimiento que yo he podido vivir».
Y así, este año, los dos volverán a estar allí, también con nuevas responsabilidades. Pietro seguirá coordinando las salas de congresos, con especial atención al Auditorio, con 3.500 personas que acoger una por una en varios encuentros cada día. Marco, junto con Nicola, guiará los Servicios Generales, un contingente de más de 500 voluntarios. Será aún más exigente, sin duda. Pero en el fondo ya lo saben: esas fatigas, al final, los harán más ligeros.









