
Habukawa e il Meeting, una storia di 40 anni
Estas son las palabras con las que el presidente del Meeting, Bernhard Scholz, recordó la luminosa figura de Habukawa, monje budista japonés y una de las máximas autoridades del budismo Shingon, amigo del Meeting desde 1988 y ponente en veinte ediciones hasta 2017. En noviembre de 2011 fue una delegación del Meeting la que visitó el Monte Koya: de ello queda testimonio en el volumen “Los caminos del corazón – Un viaje entre Italia y Japón”. En 2012, Habukawa también comisarió una exposición sobre el Monte Koya, dedicada a la religiosidad y al arte Shingon, destacando la cercanía entre católicos italianos y budistas japoneses tras el terremoto de 2011.








Il ricordo di Emilia Guarnieri
Así lo recuerda Emilia Guarnieri, expresidenta del Meeting y amiga personal de Habukawa.
Nuestro queridísimo amigo, el profesor Shodo Habukawa, nos ha dejado y ha alcanzado esa intimidad con el Misterio que siempre deseó durante toda su vida. Amigo del Meeting, pero también amigo personal de quienes tuvimos el honor y el don de conocerlo. Una amistad que lo llevó muchas veces al Meeting, pero que, como él mismo contaba, nacía de otra amistad, la que tenía con Luigi Giussani.
Era junio de 1987: Giussani estaba en Japón invitado a una conferencia y, a través de una serie de relaciones y circunstancias, se encontró subiendo al Monte Koya, centro del budismo Shingon, donde entonces Habukawa era maestro de novicios. «Nunca olvidaré, mientras viva, aquel día extraordinario en que monseñor Giussani apareció ante mis ojos. Permanecimos abrazados en silencio durante unos instantes, sin necesidad de decir una palabra». Del encuentro con Giussani al encuentro con el Meeting hubo solo un paso.
Recuerdo aún los primeros años de su participación, en los que la sintonía y el afecto que nacían entre nosotros convivían con una cierta dosis de formalismo inevitable, debido al respeto por las tradiciones, los ritos y los gestos. Pero pronto la amistad prevaleció sobre todo. Porque, como dijo Habukawa en una de sus intervenciones, el Misterio genera amistad. Y el Misterio era la gran presencia que dominaba su vida. Siempre sostenía su rosario entre las manos, y recuerdo que el leve movimiento de sus labios era la señal de que el paso de aquellas cuentas marcaba un diálogo ininterrumpido con Alguien real y presente en su corazón.

















