Quiénes somos
PIEDRAS VIVAS
La Europa románica se viste de belleza

Duración de la visita guiada: 50 minutos
A cargo de Tancredi Bella, Marco Rossi, Alessandro Rovetta
Con la colaboración de Martino Astolfi, Guido Cariboni, Micol Forti, Lorenzo Margiotta, Stefano Margutti, Martina Saltamacchia y algunos estudiantes de la Facultad de Letras de la Università Cattolica y de la Università degli Studi di Milano
“Es necesario que se cumpla espiritualmente en nosotros lo que ha ocurrido visiblemente en los muros.”
— San Bernardo de Claraval, Sermones para la dedicación de una iglesia, siglo XII
“¿Qué representaba aquella casa [el Templo de Jerusalén] sino la santa Iglesia, en la que habita el Señor en los cielos? A su construcción están destinadas, como piedras pulidas, las almas de los elegidos…”
— Gregorio Magno
La muestra quiere dar a conocer la pasión constructiva, la novedad y la belleza testimoniadas por la gran difusión de la arquitectura y el arte románicos a partir del año mil, cuando toda Europa “se revistió de un blanco manto de iglesias” (R. Glaber), hasta bien entrado el siglo XII.
El ideal de novedad y belleza en la construcción de la iglesia románica es una imagen profunda de la edificación de la comunidad cristiana a través de “piedras vivas”, como atestiguan numerosas obras y textos medievales.
Las secciones abordan: la construcción de la iglesia, la fachada, el portal, los capiteles, el pavimento de mosaico, la pintura mural, el altar, el ábside y el claustro, con una reflexión final sobre el atractivo que ha ejercido el arte románico sobre algunos arquitectos contemporáneos.
Un contacto directo e inmediato con la belleza del románico, a través de las imágenes, podrá generar asombro y suscitar preguntas. Los visitantes serán acompañados en una experiencia de belleza y apertura a su significado.
Al inicio del recorrido se proyectará un video inmersivo en tres paredes con imágenes de tres importantes basílicas románicas, cada una representativa de un elemento clave: Mont-Saint-Michel, Sainte-Foy de Conques y Sant’Angelo in Formis.
La fachada revela la presencia y el rostro de la Iglesia y es también el umbral que introduce al hombre en el edificio eclesial, símbolo de la comunidad cristiana; por eso, su decoración escultórica tiene gran importancia.
El altar, centro litúrgico y espacial, fue interpretado en la mentalidad medieval como el mismo Cristo, ya que allí se renueva su sacrificio redentor, exaltado escatológicamente en el ábside, donde con frecuencia se representa al Pantocrátor.
Las iglesias románicas brillaban con colores, no solo por la policromía de los materiales constructivos: amplios ciclos figurativos, pictóricos o musivos, decoraban las paredes de las naves y los ábsides.
La idea de una arquitectura románica desprovista de decoración depende, de hecho, de las restauraciones de los siglos XIX y XX.
En la parte final de la muestra, en conexión con el ámbito del claustro, lugar de meditación, reflexión y tránsito, se presentará la experiencia de algunos arquitectos modernos (Le Corbusier, Mies van der Rohe, Álvaro Siza), que reflexionaron sobre el románico no tanto en su forma como en su concepción, intentando actualizar algunos de sus fundamentos.
Con el apoyo de Società Italiana Gas Liquidi Spa – Vulcan









