El mensaje del Papa León XIV con motivo de la 46ª edición del Meeting

agosto 2025
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Transmitimos con gratitud el mensaje enviado por el Papa León XIV con ocasión de la 46ª edición del Meeting de Rímini

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Desde el Vaticano, 11 de agosto de 2025

A Su Excelencia Reverendísima
Mons. Nicolò Anselmi
Obispo de Rímini

Excelencia Reverendísima:
El tema del 46° Meeting por la amistad entre los pueblos, que se celebrará en Rímini en los próximos días, es una invitación a la esperanza: «En los lugares desiertos construiremos con ladrillos nuevos». El Santo Padre León XIV desea hacer llegar su saludo a los organizadores, a los voluntarios y a todos los participantes, con el deseo de reconocer en la alegría que la piedra desechada por los constructores ha sido puesta como «piedra angular, elegida, preciosa, y quien cree en ella no quedará defraudado» (cf. 1 Pe 2,6). La esperanza, en efecto, no defrauda (cf. Rm 5,5).

Los desiertos son en general lugares desechados y considerados inadecuados para la vida. Y, sin embargo, allí donde parece que nada puede nacer, la Sagrada Escritura vuelve continuamente a narrar los pasos de Dios. En el desierto, ante todo, nace su pueblo. Es, de hecho, únicamente en camino entre sus asperezas donde madura la elección de la libertad. El Dios bíblico –que observa, escucha, conoce los sufrimientos de sus hijos y desciende para liberarlos (cf. Ex 3,7-8)– transforma el desierto en un lugar de amor y de decisiones, lo hace florecer como un jardín de esperanza. Los profetas lo recuerdan como escenario de un desposorio, al que volver cada vez que el corazón se enfría, para recomenzar desde la fidelidad de Dios (cf. Os 2,16). Monjas y monjes, desde hace milenios, habitan el desierto en nombre de todos nosotros, en representación de toda la humanidad, junto al Señor del silencio y de la vida.

El Santo Padre ha apreciado que una de las exposiciones que caracterizan al Meeting de este año esté dedicada al testimonio de los mártires de Argelia. En ellos resplandece la vocación de la Iglesia a habitar el desierto en profunda comunión con toda la humanidad, superando los muros de desconfianza que oponen las religiones y las culturas, en la imitación integral del movimiento de encarnación y donación del Hijo de Dios. Este camino de presencia y de sencillez, de conocimiento y de “diálogo de la vida” es la verdadera senda de la misión. No una autoexhibición, en la contraposición de identidades, sino el don de sí mismo hasta el martirio de quien adora día y noche, en la alegría y entre las tribulaciones, solo a Jesús como Señor.

No faltarán, como es costumbre, diálogos entre católicos de diversas sensibilidades y con creyentes de otras confesiones y no creyentes. Son importantes ejercicios de escucha, que preparan los “ladrillos nuevos” con los que construir ese futuro que ya Dios tiene preparado para todos, pero que solo se abre acogiéndonos unos a otros. Ya no podemos permitirnos resistir al Reino de Dios, que es un Reino de paz. Y allí donde los responsables de las instituciones estatales e internacionales parecen no lograr hacer prevalecer el derecho, la mediación y el diálogo, las comunidades religiosas y la sociedad civil deben atreverse a la profecía. Significa dejarse empujar al desierto y ver desde ahora lo que puede nacer de los escombros y de tanto, demasiado dolor inocente. El Papa León XIV ha recomendado a los Obispos italianos «promover recorridos de educación en la noviolencia, iniciativas de mediación en los conflictos locales, proyectos de acogida que transformen el miedo al otro en oportunidad de encuentro». Y todavía nos pide: «Que cada comunidad se convierta en una “casa de la paz”, donde se aprende a desactivar la hostilidad a través del diálogo, donde se practica la justicia y se custodia el perdón. La paz no es una utopía espiritual: es un camino humilde, hecho de gestos cotidianos, que entrelaza paciencia y coraje, escucha y acción. Y que exige hoy, más que nunca, nuestra presencia vigilante y generativa» (Discurso a los Obispos de la Conferencia Episcopal Italiana, 17 de junio de 2025).

El Santo Padre, por tanto, alienta a dar nombre y forma a lo nuevo, para que fe, esperanza y caridad se traduzcan en una gran conversión cultural. El amado Papa Francisco nos ha enseñado que «la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica» (Evangelii gaudium, 198). Dios, en efecto, ha elegido a los humildes, a los pequeños, a los sin poder y, desde el seno de la Virgen María, se hizo uno de ellos, para escribir en nuestra historia su historia. El auténtico realismo es, entonces, el que incluye a quien «tiene otro punto de vista, ve aspectos de la realidad que no se reconocen desde los centros de poder donde se toman las decisiones más determinantes» (Fratelli tutti, 215). Sin las víctimas de la historia, sin los hambrientos y sedientos de justicia, sin los constructores de paz, sin las viudas y los huérfanos, sin los jóvenes y los ancianos, sin los migrantes y los refugiados, sin el grito de toda la creación, no tendremos ladrillos nuevos. Continuaremos persiguiendo el sueño delirante de Babel, engañándonos de que tocar el cielo y hacerse un nombre es la única manera humana de habitar la tierra (cf. Gn 11,1-9). Desde el principio, en cambio, negar las voces ajenas y renunciar a comprenderse son experiencias fallidas y deshumanizadoras. A ellas debe oponerse la paciencia del encuentro con un Misterio siempre otro, del que es signo la diferencia de cada uno.

Desarmada y desarmante, la presencia de los cristianos en las sociedades contemporáneas debe traducir con competencia e imaginación el Evangelio del Reino en formas de desarrollo alternativas a las vías de crecimiento sin equidad y sostenibilidad. Para servir al Dios vivo debe abandonarse la idolatría del lucro que ha comprometido gravemente la justicia, la libertad de encuentro e intercambio, la participación de todos en el bien común y, finalmente, la paz. Una fe que se extrañe de la desertificación del mundo o que, indirectamente, contribuya a tolerarla, ya no sería seguimiento de Jesucristo. La revolución digital en curso corre el riesgo de acentuar discriminaciones y conflictos: debe, por tanto, ser habitada con la creatividad de quien, obedeciendo al Espíritu Santo, ya no es esclavo, sino hijo. Entonces el desierto se convierte en un jardín y la “ciudad de Dios”, anunciada por los santos, transfigura nuestros lugares desolados.

El Papa León invoca la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Estrella de la mañana, para que sostenga el compromiso de cada uno en comunión con los Pastores y las comunidades eclesiales en que está inserto: «En sinergia con todos los demás miembros del Cuerpo de Cristo actuaremos, entonces, en armoniosa sintonía. Los desafíos que la humanidad tiene por delante serán menos espantosos, el futuro será menos oscuro, el discernimiento menos difícil. ¡Si juntos obedecemos al Espíritu Santo!» (Homilía en la Vigilia de Pentecostés con los Movimientos, las Asociaciones y las Nuevas Comunidades, 7 de junio de 2025).

Mientras de corazón uno a los del Santo Padre también mis deseos personales, aprovecho la circunstancia para confirmarme con sentimientos de distinguida consideración

de Vuestra Excelencia Reverendísima
dev.mo
Pietro Cardenal Parolin
Secretario de Estado