
A las nueve de la mañana, después del habitual rezo de laudes, la Feria de Rímini ya está animada por grupos de chicas y chicos que, aparentemente dispersos pero guiados por una organización precisa, se mueven de un pabellón a otro a lo largo de los amplios pasillos que conectan los 140.000 metros cuadrados de la manifestación. La impresión es la de una gran colmena donde, en apariencia, todo parece casual y, sin embargo, no hay un solo gesto que no forme parte de un orden consciente.
Unos pintan, otros transportan paneles de madera; unos dibujan planos y otros atornillan paneles; algunos empujan pesados carros, otros limpian los suelos, acondicionan espacios o se ocupan de las instalaciones eléctricas. Si no fuera porque dentro de pocos días estos mismos espacios estarán llenos de decenas de miles de visitantes, uno podría pensar que se encuentra en el plató de una película de Fellini.




Pre-Meeting, el periodo dedicado al montaje de la manifestación
Bienvenidos al Pre-Meeting, el periodo que comenzó el 12 de agosto y terminará el 19, dedicado al montaje de la manifestación y que tiene como protagonistas a 500 voluntarios. «Para ser precisos», puntualiza Enrico Albani, responsable de esta parte de la organización, «ya ha concluido también un Pre-Pre-Meeting de tres días, en el que participaron unos ochenta profesionales que prepararon la logística gracias a la cual puede desarrollarse el trabajo de los voluntarios». Este año, además, la visita del papa León hace que todo sea aún más complejo.
La oficina de Albani es una de las más concurridas de la Feria porque es una de las pocas donde funciona una máquina de café. A las dos de la tarde, la cola de jóvenes se alarga con la esperanza de encontrar en la cafeína algo de alivio frente al cansancio, el calor y el trabajo. Federico, que estudia música en Milán, cuenta que este es el sexto año que participa en el Pre-Meeting. «Al principio», explica, «vine por invitación de un amigo; después, poco a poco, fui siendo cada vez más consciente de la belleza de este gesto».
La mayoría de los voluntarios procede de Milán, Bolonia y Ferrara, donde estudian principalmente arquitectura, ingeniería, diseño o Bellas Artes. Las chicas y los chicos pagan de su bolsillo el viaje y el alojamiento, aunque el Meeting intenta ayudar indicando estructuras como centros parroquiales o casas religiosas donde todavía se ofrece hospitalidad. Para ser admitidos, los voluntarios han tenido que realizar un curso de seguridad de ocho horas y deben llevar obligatoriamente calzado de seguridad durante todo el turno diario. Se dividen en grupos bajo la dirección de coordinadores adultos —muchos de ellos artesanos jubilados— durante una jornada que, como hemos dicho, comienza a las nueve y termina a las seis de la tarde. Hay tres noches dedicadas a la reflexión y al intercambio de experiencias, guiadas por don Ignazio —un sacerdote que también es voluntario del Pre-Meeting— junto con los responsables del Meeting, además de una peregrinación el 15 de agosto al Santuario de la Virgen de Bonora. El último día se celebra una noche de fiesta y cantos frente a la Catedral de Rímini, para invitar a la población a participar en el Meeting.














