Caras que construyen… Andrea

30 de julio de 2026
Image
Image

En el Meeting, la cordialidad y la amistad adquieren un significado auténtico: personas incluso muy diferentes entre sí desean ir más allá de la superficie y compartir aquello que más les importa. Esta es la convicción que Andrea ha ido madurando a lo largo de los años. Este joven voluntario de 25 años, que llegó inicialmente como visitante, descubrió que construir el Meeting significa crear un lugar capaz de cambiar la manera de vivir las relaciones.

Andrea tenía 18 años cuando, casi por curiosidad, decidió aceptar la invitación de unos amigos para visitar por primera vez el Meeting. «Me intrigaba el título de aquella edición de 2019, Tu nombre nació de lo que mirabas: no lo comprendía del todo, pero sentía que tocaba algo de mí», cuenta. El impacto fue inmediato: «Nunca me había encontrado ante un lugar tan rico en propuestas, encuentros y realidades diferentes. Era una riqueza que nunca había visto».

Luego llegaron los años de la pandemia y el regreso quedó aplazado hasta 2022. Esta vez, sin embargo, decidió ponerse al servicio como voluntario, pese a algunas dudas iniciales. «Pensaba que ser voluntario significaba perderse todo lo demás del Meeting». La primera tarea de Andrea fue una de las más exigentes: atender el aparcamiento bajo el sol de agosto. Sin embargo, ocurrió algo inesperado para él: «Me di cuenta de que allí el esfuerzo pesaba menos. Era un esfuerzo orientado, no carente de sentido. Comprendí que estaba contribuyendo a construir algo grande». En los años siguientes pasó por el punto de información, donde ayudaba a los visitantes, hasta presentar la exposición dedicada a Alcide De Gasperi en 2024. El año pasado aceptó formar parte del servicio de orden del auditorio. Una tarea aparentemente menos gratificante. Pero fue precisamente allí, observando los encuentros en el auditorio, donde Andrea comprendió plenamente que «no existe un lugar como el Meeting». Porque aquí «el objetivo no es afirmar la propia idea, sino compartir aquello que mueve y sostiene la propia vida».

En un tiempo marcado por las guerras y la soledad, el Meeting representa una respuesta concreta. «Vivimos en un mundo en el que a menudo tenemos miedo de hablarnos. En vez de buscar la verdad junto con los demás, estamos más aferrados a nuestra manera de pensar». Por eso «hay una necesidad desesperada de un lugar como el Meeting», explica Andrea. Su deseo es que todo el mundo pueda conocer el Meeting: «Cuánto tiempo recuperaríamos si pudiéramos vivir como en el Meeting». Este año, el joven voluntario forma parte del equipo de comisarios de la exposición dedicada a los jesuitas. Espera que los visitantes se lleven, ante todo, una conciencia: «Cuando una persona está movida por el deseo de compartir aquello que la hace feliz, nace una creatividad inimaginable. Eso fue lo que hicieron los primeros jesuitas. Cuando algo nos mueve, la vida se convierte en una explosión de creatividad y se genera algo nuevo también para los demás».

Quien descubre el valor del Meeting siente también el deseo de contribuir a construirlo. El Meeting, subraya Andrea, es un lugar que debe construirse entre todos: «Es algo concreto, hecho por personas que ponen en él su propia vida». Por eso el apoyo se convierte en «un gesto de compartir que implica a toda la persona, también en la manera en que decide utilizar lo que posee».