Quiénes somos
Duranti Cristina

Cristina Duranti lleva casi veinte años trabajando en el sector sin ánimo de lucro junto a congregaciones religiosas internacionales, con una trayectoria que combina los estudios, la experiencia sobre el terreno y un compromiso personal que tiene su origen en su propia familia. Obtuvo un doctorado en la Universidad de Florencia y está cursando un máster en Estudios Filantrópicos en la Universidad de Kent, donde su investigación se centra en cómo las congregaciones internacionales están replanteándose, en la actualidad, la forma de apoyar sus misiones en los países más pobres del mundo.
Como directora de la Good Shepherd International Foundation (GSIF), acompaña la misión de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor en el mundo: una presencia que hoy se traduce en 164 proyectos activos en 34 países de África, América Latina y Asia-Pacífico. Pero detrás de cada cifra hay una historia más sencilla y más verdadera: la de unas comunidades religiosas que, desde hace décadas —en algunos casos, desde hace más de un siglo—, permanecen al lado de quienes viven en los márgenes —chicas víctimas de la trata, menores explotados, familias marcadas por la pobreza— y que hoy se ven en la necesidad de replantearse cómo mantener esta presencia, en una época en la que las vocaciones se desplazan del norte al sur del mundo y los modelos del pasado ya no son suficientes.
Aquí es donde entra en juego el papel de la GSIF: no solo promover proyectos, sino ayudar a las congregaciones a desarrollar sus propias competencias —en materia de gobernanza, planificación y relación con quienes pueden apoyarlas— para que la misión no dependa de una ayuda que llega del exterior, sino que encuentre en sí misma los recursos para continuar. Un trabajo basado en el acompañamiento y la formación, en el tiempo compartido y en los testimonios de vida y misión.
Esta experiencia sobre el terreno la ha llevado también a participar, en la sede de la OCDE y en el Foro Económico Mundial, en debates sobre la relación entre las empresas y los derechos humanos —no como teoría abstracta, sino partiendo de lo que ha visto con sus propios ojos en Kolwezi, en el distrito minero de cobalto de la República Democrática del Congo, donde la GSIF ha rescatado a más de 4 000 menores del trabajo en minas artesanales. Una experiencia que le ha enseñado hasta qué punto las grandes cuestiones de nuestro tiempo —el cuidado de la creación, la dignidad del trabajo, la justicia entre los pueblos— se juegan concretamente en la vida de un niño arrancado de una mina.
Además de este compromiso, Cristina es fundadora y presidenta de FATE —Familias con atresia esofágica—, una asociación nacida de la experiencia directa con una patología congénita rara que afectó a su familia y que, con el tiempo, se ha convertido en un punto de referencia y de relación con los principales centros de investigación pediátrica europeos.









